Las puertas correderas requieren poco o ningún mantenimiento y son fáciles de automatizar para su accionamiento a distancia; por eso son la primera opción en instalaciones industriales.
Las puertas correderas automáticas ofrecen un alto nivel de seguridad y son habituales en grandes recintos comerciales e industriales. El sistema de la puerta integra fotocélulas de seguridad, bloqueo automático y un poste de cierre reforzado. Una vez cerrada, la puerta queda retenida por el sistema de bloqueo del motor y del resto de la instalación, por lo que no puede forzarse lateralmente.
Entre las opciones de control se incluyen un interfono GSM conectado al teléfono móvil o un mando a distancia por radio.
Las puertas correderas son ideales en accesos en pendiente, porque no tienen que abrirse cuesta arriba, y los vehículos pueden acercarse a la puerta sin riesgo de ser golpeados por una hoja al abrirse.
Sistema autoportante
Toda la puerta se sostiene en un sistema autoportante (en voladizo) relativamente corto, con rodillos que circulan dentro de un perfil guía. La parte de la puerta que sobresale del hueco suele ser del 30–40 % del ancho nominal, y la puerta se desplaza adelante y atrás sobre los rodillos del carro.
Tamaño y peso
El peso de la hoja es un factor crítico, porque la hoja entera es accionada por el grupo motor y además descansa sobre él. Los sistemas de puertas correderas automáticas se dimensionan con el motor según el peso de la puerta.
Las hojas comerciales e industriales más pesadas necesitan motores para pesos de unos 1.000–2.000 kg (normalmente con alimentación monofásica de 230 V). Las puertas industriales excepcionalmente pesadas, de más de 20 m de ancho, necesitan motores para unos 2.000–4.000 kg (normalmente con alimentación trifásica de 400 V).